Quién inventó la famosa carita feliz y cómo terminó siendo un millonario negocio

Quién inventó la famosa carita feliz y cómo terminó siendo un millonario negocio2 Mr 3lite

Está en todas partes en las redes sociales, enviamos y recibimos cientos de ellas a través de las apps de mensajería y está en productos que van desde pelotitas antiestrés, hasta esponjas para lavar la loza y pastillas de sustancias ilegales. Pero hoy son también el principal activo de una empresa que factura unos de US$500 millones al año. ¿Pero quién fue la mente detrás de este ícono del diseño? ¿Cómo una idea tan simple se convirtió en un próspero negocio? ¿Y cómo terminó en manos de alguien que no fue su creador original?

El origen del ícono

Caras humanas sonrientes más o menos abstractas han sido dibujadas desde hace miles de años. Pero, aunque ha sido un asunto controvertido, hoy está más o menos claro que el primero en diseñar el famoso ideograma de la carita feliz fue el artista y diseñador estadounidense Harvey Ball. Lo hizo en 1963 por encargo de Jack Adam, vicepresidente de una compañía de seguros de Worcester, Massachusetts. Adam le pidió a Ball crear una imagen para mejorar la moral de sus empleados en un momento en que la empresa atravesaba una época de incertidumbre. Ball, quien murió en 2001, dijo que le tomó solo 10 minutos crearla y que le pagaron US$45. El director ejecutivo del Museo Histórico de Worcester, William Wallace, explica que los elementos característicos de la carita feliz creada por Ball son el fondo amarillo brillante, la forma circular perfecta y una ligera asimetría en los ojos y la boca. “Tuve que tomar una decisión… ¿Uso un compás para dibujar la sonrisa y los dos puntos perfectos para los ojos? …Nah, hazlo libremente. Dale algo de personalidad”, explicaba Ball que se dijo. Su diseño empezó a ser usado en las chapas de State Mutual, la compañía de seguros.

La respuesta de los empleados y los clientes de State Mutual frente al primer lote de 100 chapas fue tan entusiasta que empezaron a ser producidas en lotes de 10.000. En solo dos años, las chapas de la carita feliz habían trascendido la empresa de seguros y las llevaban desde azafatas hasta monjas. En 1967, David Stern, un publicista de Seattle, descubre las chapas de la carita feliz en Nueva York, y utiliza la idea para una campaña del banco University Federal Savings & Loan. Para esa campaña se imprimieron cerca de medio millón de chapas con la carita feliz, según Stern. Fue un paso clave en su popularización definitiva. Pero no es sino hasta que llega a Filadelfia, a las manos de los hermanos Bernard y Murray Spain, que la carita se convierte en un valioso activo. Los Spain la rediseñaron en una caja de pizza y la pusieron en todo tipo de objetos: tarjetas, pósteres, camisetas, pocillos, lámparas y un largo etcétera. Ya no les interesaba usar la carita feliz para vender seguros o préstamos, sino que vendían la carita misma.

Y como ni Ball ni Stern, ni la aseguradora de Worcester ni el banco de Seattle se habían preocupado por obtener los derechos de autor de la carita feliz, los hermanos aprovecharon ese vacío. Registraron la carita junto a la frase Have a happy day (“Ten un día feliz”). Por cuenta de ellos, llegó a las páginas de la revista The New Yorker en 1970 y a la portada de la revista Mad Magazine en abril de 1972. Era un fenómeno del merchandaising. Ganaron US$2 millones en apenas un par de años cuando despegó el negocio a comienzos de los 70. A Harvey Ball, el creador original, no le interesó reclamar los derechos de autor. En una conversación con el historiador William Wallace, Ball dijo que, cuando vio la carita en The New Yorker, supo que había hecho algo que había capturado la imaginación del mundo.

En 1971 se sumó a la compleja historia de este símbolo popular Franklin Loufrani, un periodista francés del periódico France Soir, quien usó una carita bastante parecida a la de Harvey Ball para señalar las noticias positivas. Loufrani, quien aseguró que fue él quien la inventó, era consciente del potencial económico de la carita. Fue el primero en registrarla como una marca comercial. Con la marca a su nombre, Loufrani renunció al periodismo y fundó The Smiley Company. Su estrategia para popularizar la carita en Francia consistió en entregar 10 millones de pegatinas a estudiantes universitarios. En poco tiempo, estaban en los postes de luz y los carros de todo el país. Fueron un éxito cultural inmediato.

A mediados de los 70, Loufrani y The Smiley Company empezaron a cerrar millonarios acuerdos con marcas que querían poner la carita en sus productos como Levi’s y Bonitos, los precursores europeos de los M&M’s. Los años 80 son dorados para la empresa de Loufrani. Y para los 90, ya había registrado la carita feliz en más de 70 países (hoy The Smiley Company tiene el logo registrado en cerca de 100). En 1996, le cedió el control de la empresa a su hijo, Nicolas, quien un año después dio el paso que volvería a la carita en parte integral de la comunicación digital: diseñó cientos de emoticones con diferentes expresiones de la carita. Sus emojis fueron las primeras representaciones gráficas de lo que antes se hacía con caracteres como los dos puntos y los paréntesis.

Hoy la empresa no gana nada con el uso de emoticones en teléfonos e internet. «Se nos escapó a nivel comercial, pero estamos contentos de haber logrado estar en el origen de un nuevo idioma», le dijo Loufrani hijo a Europe 1 en 2016. Según la revista Smithsonian, Nicolas Loufrani ha dicho que el diseño de la carita es tan simple que ninguna persona puede afirmar haberla creado. La página web de The Smiley Company sigue diciendo que fue Franklin Loufrani quien la creó.

La cadena de supermercados Walmart también hizo parte de esta historia. En 1997, los Loufrani intentaron registrar la carita feliz, junto al término “smiley” como marca en Estados Unidos para quedarse con los derechos exclusivos de su reproducción. Walmart llevaba años poniendo caritas felices en sus tiendas para identificar los precios bajos. El gigante de los supermercados presentó entonces una notificación de oposición a la solicitud de la Smiley Company y una solicitud propia para registrar la carita. La Smiley Company alegó que su negocio estaba en peligro. Los ires y venires judiciales se extendieron hasta 2011, cuando los Loufrani y Walmart llegaron a un acuerdo del que se desconoce su contenido. En 2016, Walmart volvió a poner las caritas en sus supermercados después de haber dejado de hacerlo durante 10 años. Esta ha sido la principal disputa legal alrededor de la carita feliz amarilla en sus 60 años de historia.

Actualmente, los ingresos de The Smiley Company rondan los US$500 millones al año. En su página web, se venden cientos de productos, desde ropa y accesorios en colaboración con marcas de alta costura, hasta objetos para el hogar y comida y bebidas. Con todo y eso, Harvey Ball nunca intentó registrar ni explotar comercialmente la carita. Cuando le preguntaban si le inquietaba que otras personas estuvieran ganando mucho dinero con la carita feliz, el respondía “Me pagaron por el trabajo. ¿Y sabes? Solo puedo conducir un carro a la vez y comer un bistec a la vez”. “Tenía niños en las escuelas públicas que lo adoraban. Recibía cartas de todo el mundo agradeciéndole por la carita. ¿Cómo le pones precio a eso? Murió sin remordimientos”, contó su hijo Charles Ball tras su muerte. Sí le preocupaba que la comercialización excesiva a manos de los Loufrani redefiniera el significado y la intención originales de su creación.

De ahí le surgió en 1999 la idea de crear un Día Mundial de la Sonrisa, que se celebra desde entonces el primer viernes de octubre. “Haz un acto de bondad. Ayuda a una persona a sonreír”, le puso como lema. Después de su muerte, en 2001, el hijo de Ball creó la Harvey Ball World Smile Foundation. En 2012, la fundación consiguió por primera vez registrar la carita feliz en Estados Unidos a su nombre (actualmente, también tienen licencia en India, Canadá y México). The Smiley Company sigue siendo dueña de la marca sin el círculo alrededor: es decir, los dos puntos y la línea curva.

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